La suerte no es un punto de partida, es una consecuencia. Surge cuando la preparación se encuentra con la oportunidad, pero también cuando existe constancia incluso en los momentos en que no hay resultados inmediatos.
En el entorno empresarial, lo que muchas veces se percibe como “éxito repentino” suele ser el reflejo de un proceso sostenido de trabajo, enfoque y decisiones estratégicas.
