El hombre racional se adapta al mundo que le rodea; el hombre irracional se obstina en intentar que sea el mundo quien se adapte a él. Por tanto, todo progreso se debe al hombre irracional. (George Bernard Shaw)
jueves, 2 de julio de 2015
miércoles, 1 de julio de 2015
Nuestro pobre individualismo - Jorge Luis Borges
Las ilusiones de patriotismo no tienen término. En el primer siglo de nuestra era, Plutarco se burló de quienes declaran que la luna de Atenas es mejor que la luna de Corinto; Milton, en el siglo XVII notó que Dios tenía la costumbre de revelarse primero a Sus ingleses; Fitche, a principios del siglo XIX, declaró que tener carácter y ser alemán es, evidentemente, lo mismo. Aquí, los nacionalistas pululan; los mueve, según ellos, el atendible o inocente propósito de fomentar los mejores rasgos argentinos.
Ignoran, sin embargo, a los argentinos; en la polémica, prefieren definirlos en función de algún hecho externo; de los conquistadores españoles (digamos) o de una imaginaria tradición católica o del “Imperialismo Sajón”.
El argentino, a diferencia de los americanos del Norte y de casi todos los europeos, no se identifica con el Estado. Ello puede atribuirse a la circunstancia de que, en este país, los gobiernos suelen ser pésimos o al hecho general de que el Estado es una inconcebible abstracción; lo cierto es que el argentino es un individuo, no un ciudadano.
Hegel diciendo: “El Estado es la realidad de la idea moral” le parecen bromas siniestras. Los films elaborados en Hollywood repetidamente proponen a la admiración el caso de un hombre (generalmente, un periodista) que busca la amistad de un criminal para entregarlo después a la policía; el argentino, para quien la amistad es una pasión y la policía una mafia, siente que ese “héroe” es un incomprensible canalla (1).
Siente con Don Quijote que “Allá se lo haya cada uno con su pecado” y que “No es bien que los hombres honrados sean verdugos de los otros hombres, no yéndoles nada en ello”. Más de una vez, ante las vanas simetrías del estilo español, he sospechado que diferimos insalvablemente de España; esas dos líneas del Quijote han bastado para convencerme de error; son como el símbolo secreto y tranquilo de nuestra afinidad.
Profundamente lo confirma una noche de la literatura argentina: esa desesperada noche en la que un sargento de la policía rural gritó que no iba a consentir el delito de que se matara a un valiente y se puso a pelear contra sus soldados, junto al desertor Martín Fierro.
El mundo, para el europeo, es un cosmos, en el que cada cual íntimamente corresponde a la función que ejerce; para el argentino, es un caos. El europeo y el americano del Norte juzgan que ha de ser bueno un libro que ha merecido un premio cualquiera, el argentino admite la posibilidad de que no sea malo, a pesar del premio. En general, el argentino descree de las circunstancias.
Puede ignorar la fábula de que la humanidad siempre incluye treinta y seis hombres justos -los Lamed Wufniks- que no se conocen entre ellos pero que secretamente sostienen el universo; si la oye, no le extrañará que esos beneméritos sean oscuros anónimos. Su héroe popular es el hombre solo que pelea con la partida, ya en acto (Fierro, Moreira, Hormiga Negra), ya en potencia (Segundo Sombra). Otras literaturas no registran hechos análogos.
Se dirá que los rasgos que señalo son meramente negativos o anárquicos; se añadirá que no son capaces de explicación política. Me atrevo a sugerir lo contrario.
El más urgente de los problemas de nuestra época (ya denunciado con profética lucidez por el casi olvidado Spencer) es la gradual intromisión del Estado en los actos del individuo; en la lucha con ese mal, cuyos nombres son comunismo y nazismo, el individualismo argentino, acaso inútil o perjudicial hasta ahora, encontrará justificación y deberes.
Sin esperanza y con nostalgia, pienso en la abstracta posibilidad de un partido que tuviera alguna afinidad con los argentinos; un partido que nos prometiera (digamos) un severo mínimo de gobierno.
El nacionalismo quiere embelesarnos con la visión de un Estado infinitamente poderoso; esa utopía, una vez lograda en la tierra, tendría la virtud providencial de hacer que todos anhelaran, y finalmente construyeran, su antítesis.
Buenos Aires, 1946
(1) El estado es impersonal: el argentino sólo concibe una relación personal. Por eso, para él, robar dineros públicos no es un crimen. Compruebo un hecho, no lo justifico o excuso
Ignoran, sin embargo, a los argentinos; en la polémica, prefieren definirlos en función de algún hecho externo; de los conquistadores españoles (digamos) o de una imaginaria tradición católica o del “Imperialismo Sajón”.
El argentino, a diferencia de los americanos del Norte y de casi todos los europeos, no se identifica con el Estado. Ello puede atribuirse a la circunstancia de que, en este país, los gobiernos suelen ser pésimos o al hecho general de que el Estado es una inconcebible abstracción; lo cierto es que el argentino es un individuo, no un ciudadano.
Hegel diciendo: “El Estado es la realidad de la idea moral” le parecen bromas siniestras. Los films elaborados en Hollywood repetidamente proponen a la admiración el caso de un hombre (generalmente, un periodista) que busca la amistad de un criminal para entregarlo después a la policía; el argentino, para quien la amistad es una pasión y la policía una mafia, siente que ese “héroe” es un incomprensible canalla (1).
Siente con Don Quijote que “Allá se lo haya cada uno con su pecado” y que “No es bien que los hombres honrados sean verdugos de los otros hombres, no yéndoles nada en ello”. Más de una vez, ante las vanas simetrías del estilo español, he sospechado que diferimos insalvablemente de España; esas dos líneas del Quijote han bastado para convencerme de error; son como el símbolo secreto y tranquilo de nuestra afinidad.
Profundamente lo confirma una noche de la literatura argentina: esa desesperada noche en la que un sargento de la policía rural gritó que no iba a consentir el delito de que se matara a un valiente y se puso a pelear contra sus soldados, junto al desertor Martín Fierro.
El mundo, para el europeo, es un cosmos, en el que cada cual íntimamente corresponde a la función que ejerce; para el argentino, es un caos. El europeo y el americano del Norte juzgan que ha de ser bueno un libro que ha merecido un premio cualquiera, el argentino admite la posibilidad de que no sea malo, a pesar del premio. En general, el argentino descree de las circunstancias.
Puede ignorar la fábula de que la humanidad siempre incluye treinta y seis hombres justos -los Lamed Wufniks- que no se conocen entre ellos pero que secretamente sostienen el universo; si la oye, no le extrañará que esos beneméritos sean oscuros anónimos. Su héroe popular es el hombre solo que pelea con la partida, ya en acto (Fierro, Moreira, Hormiga Negra), ya en potencia (Segundo Sombra). Otras literaturas no registran hechos análogos.
Se dirá que los rasgos que señalo son meramente negativos o anárquicos; se añadirá que no son capaces de explicación política. Me atrevo a sugerir lo contrario.
El más urgente de los problemas de nuestra época (ya denunciado con profética lucidez por el casi olvidado Spencer) es la gradual intromisión del Estado en los actos del individuo; en la lucha con ese mal, cuyos nombres son comunismo y nazismo, el individualismo argentino, acaso inútil o perjudicial hasta ahora, encontrará justificación y deberes.
Sin esperanza y con nostalgia, pienso en la abstracta posibilidad de un partido que tuviera alguna afinidad con los argentinos; un partido que nos prometiera (digamos) un severo mínimo de gobierno.
El nacionalismo quiere embelesarnos con la visión de un Estado infinitamente poderoso; esa utopía, una vez lograda en la tierra, tendría la virtud providencial de hacer que todos anhelaran, y finalmente construyeran, su antítesis.
Buenos Aires, 1946
(1) El estado es impersonal: el argentino sólo concibe una relación personal. Por eso, para él, robar dineros públicos no es un crimen. Compruebo un hecho, no lo justifico o excuso
domingo, 28 de junio de 2015
domingo, 21 de junio de 2015
sábado, 20 de junio de 2015
Fiesta en Platense 1 Boca 3 1992
Increíble ese dia recuerdo viernes a noche y yo en el polideportivo del colegio, terminaba la primaria y hacia una fiesta. Yo con el Walkman preocupado escuchando el partido. Maravilloso recuerdo.
jueves, 18 de junio de 2015
Un Domingo Diferente
Nunca fui bueno en ningún deporte, tampoco ahora lo soy. Pero me estoy tomando una
pequeña revancha. Esas revanchas que sabes que van a llegar, después de mucho
tiempo, quizás tarde, no sé, pero revancha al fin. Poder demostrar y
demostrarme que estoy muchos mejor que a los 20 es una gran satisfacción, te
llena de orgullo saber que estoy mejor que nunca. Podría haber empezado antes,
es cierto. Perdí mucho tiempo, pienso, pero esa es otra historia.
Es algo que uno lo
hace en beneficio propio, nada mas, pero si alguien del pasado te ve,
compañeros del secundario básicamente, tal vez te ven y ellos están sendos detrás de
una computadora, gordos, pelados, encerrados en una rutina, casi con la
resignación del paso de los años, ya con una vida previsible y quizás
frustrante. Mostrarme para que me vean,
que uno a pesar de lo mal que la pasó en el secundario sigue vivo y se encuentra
mas vigente que nunca. Solo, pero vivo y vigente. Que sientan envidia de mi
presente, que se digan “mira vos??” y me den “me gusta”.
Tambien estan los otros los que te pasan por las narices lo
felices que son con la familia que formaron y suben fotos de los hijos, todos
contentos. Debo decir que un poco de envidia me da y me pregunto: por qué yo no
puedo?. Le respuesta es compleja, el simplificando la diría, no se dio. Pero es
una mentira, le escapamos a eso, quizás cuando uno ya no quiere escaparse, ya es
tarde.
Estoy mejor que nunca? Puede ser, pero falta, falta eso,
ella. Y diciendo “ella” me refiero a la niña que me quiera tener a su lado,
hasta ahora, estamos en cero, no largamos.
Cuando estas en el colegio y muchos obtiene trofeos copitas.
Juegan futbol, rugby, vóley y los sábados o los domingos, temprano, los mejores
juegan los interescolares. A mí nunca me llamaron de ningún lado aunque siempre
quise, el rugby nunca me gusto, los demás deportes sí. Se me ocurre que me
gustaba dormir, pero no sería verdad. Dormía para no estar despierto, que es
muy distinto. Ahora me levanto algunos domingos
las 7 Am, la ciudad esta aun dormida, va despertando de a poco y antes
de las 10 AM ya corriste 5K.
Hoy en dia es mas fácil que te den medallas por algo que
haces, casi, solo por participar te llevas algo. Hay todo un negocio de los que
fabrican medallas y trofeos. A cualquiera le dan mínimo una medalla. Y no es
que lo haga por el trofeo en si mismo, que te reconozcan te llena la
autoestima.
A cuento de qué vengo a decir esto?? Me refiero a los días
en que las distinciones no eran tan comunes como ahora. En aquellos tiempo, si bien
eran de plástico, daba envidia verlos felices por ese trofeo. Te acercabas y
era de plástico, entonces entendés que el valor venia de otro lado. Venia del
esfuerzo realizado, por conseguir el objetivo. La cuestión es que no se los
daban a cualquiera.
Reitero, nunca fui bueno en ningún deporte, sigo sin serlo,
lo vuelvo a aclarar otra vez, por si queda alguna duda de que me la creo ahora que
corro maratones, pero me dan medalla por hacer algo, por participar
Tiene mucho
valor hacer algo por uno, te hace sentir bien.
Te imaginas viajar por una carrera?? Por qué no?? La
experiencia seria linda, pero ir solo??
Tenes que alquilar hotel y esas cosas, quizás en verano y si
acertamos en que coincidan los dia de la carrera. Y afuera, ir a correr a otro país, soñé
demasiado. Son cosas a futuro para tener
en cuanta, está en carpeta, no lo descarto.
Este nuevo mundo que estoy explorando de las maratones, me
esta gustando. No hablas con nadie, porque la realidad no hay mucho para
hablar. Estas solo, y tu único rival sos. No competis con nadie mas que vos
mismo y la satisfacción en llegar no te la quita nadie.
Lo que sigue después del domingo es genial, estas enchufado,
tenes mas pilas, estas mas despiesto, el asado tiene mas gusto.
miércoles, 17 de junio de 2015
lunes, 15 de junio de 2015
domingo, 14 de junio de 2015
sábado, 13 de junio de 2015
domingo, 7 de junio de 2015
sábado, 6 de junio de 2015
miércoles, 3 de junio de 2015
Aplicaciones - App - Contacto por redes sociales
Quien diría que esas nuevas aplicaciones servirían para
conocer a alguien especial, lo sorprendentes es que las aplicaciones logren que
las personas se encuentren, como puentes que acercan a las perronas que tal vez
de otra manera no se conocerían. Esto lo escribo pero no lo creo, suena bonito
para el que lo lee, eso del puente suena bastante cursi, porque el destino es
uno y si estamos destinados a conocer a tal persona, de alguna u otra manera,
el encuentro se va a dar. Funcionan aparentemente. Así fue como permitió acercarme a ella. Y es lo que
pasa ahora, excusas para generar vínculo con esas famosas aplicaciones.
Comenzó en medio de esos días en que uno no sabe qué
ocuparlos, un simple “me gusta”, en esa
aplicación que le permite poner me gusta a la foto que ves. Ese es el primer
paso. Es complicada la siguiente movida , si ella dio me gusta y vos también,
se puede empezar a hablar. Quién habla primero? El hombre, obvio. Y hablás: en esos qué haces, a qué te dedicas,
le comentas que vas a correr una maratón, eso suma, atrae. Al parecer cae bien
y esta bien visto, genera algo, parece como que sos una persona que te cuidas.
Y sí soy de salir a correr, no le mentí. Pero parece que uno le está mintiendo
cuando dice este tipo de cosas, la verdad está muy subvaluada. Las mentiras son
mas fáciles de creer. Como que las personas
descreen de las verdades si no hay confianza. Todo se soluciona presentando
pruebas o bien dejando que el tiempo sea testigo de lo que uno dice. De verdad debemos
presentar pruebas si uno dice la verdad, me pregunto?
Cuando fuimos hablando, me pregunto de donde era y le
comenté que iba a estar cerca, que la maratón pasaba cerca de su casa. Tome
confianza y le dije que si quería podía venir a verme, de caradura nomas. La
distancia era corta y no genera gran esfuerzo físico. Le pregunté que si quería después íbamos a desayunar a algún
lugar cercano. Algo rarísimo en mi , dada mi timidez inhibidora de tantos años.
Es que cada dia que pasa uno ve que el tiempo va pasando y sólo va quedando. En
el sentido que no tiene alguien del sexo opuesto que lo complete. Gente que me
quiere, tengo familia, tengo amigos, tengo conocidos. Pero cada vez siente mas la
ausencia del complemento que me llene el alma de felicidad. Esa otra parte que
falta, y no quiero caer en la vulgaridad de decir media naranja, no sé como llamarla o
como se llama eso.
Y el domingo llegó , a la mañanita, momento extraño, el dia
empieza los pajaros cantando, no hay nadie por la calle muy poca gente, la
ciudad está bastanete quieta, en comparación a cualquier otro dia de la semana.
Escribiendo esto me doy cuenta de que quizás no era momento un domingo a la mañana para
hacer un cita. Yo acababa de correr 10K en menos de una hora, objetivo que
buscaba hace tiempo, debe aclarar. Y allí estaba ella, quizás se defraudo al
verme. Yo estaba exhausto por la carrera. Ahí fue cuando nos conocimos
físicamente y no virtualmente como venia siendo. No sé como describir ese momento en que se
pasa de lo virtual a lo real, quizás sea eso de lo virtual a lo real, simple.
Ella, con esos ojo
verdes angelicales, siempre creo que las personas que tienen ojos claros,
tienen el alma mas pura. Es una estupidez probablemente, pero me genera esa
sensación. Ella sonreía y yo todo transpirado, no sabia si darle un beso o la
mano, como se saludan los profesionales o colegas de trabajo. Finalmente fue
beso tímido en la mejilla.
Fuimos a la cadena de cafés estadounidense que estaba cerca.
Ahí hablamos por una hora y media aproximadamente, bastante, se pasa volando el
tiempo en ciertos momentos. Uno se deja llevar por el tiempo y no quisiera
dejar que termine. Porque sabe que si termina se rompe la magia y retomar
llevar a ese momento es muy difícil de que ese clima vuelva a repetirse.
Reímos, sonrió, pasamos un buen rato compartiendo ese
momento. Hablamos de la familia, amigos, deportes, de la carrera, hobbies, de
los pros y contras de irse a vivir solo y temas de actualidad. Nos miramos y nos despedimos ambos sabíamos que aquella seria la primera y
última vez que nos veríamos. Quizás la vida nos cruce en otro lado, en otro
momento, en otra circunstancia. Y cada uno siguió su camino.
Who would have thought that these new apps would be useful for meeting someone special? The surprising thing is that apps allow people to find each other, like bridges that bring people closer together who might not otherwise meet. I'm writing this, but I don't believe it. It sounds pretty sweet to the reader. That bridge thing sounds pretty corny, because destiny is one thing, and if we're destined to meet that person, one way or another, the meeting will happen. They apparently work. That's how it allowed me to get closer to her. And that's what's happening now, excuses to create a bond with those famous apps.
It started in the midst of those days when you don't know what to do with it, a simple "like" on that app that lets you like the photo you see. That's the first step. The next step is complicated: if she liked it and you liked it too, you can start talking. Who talks first? The man, obviously. And you talk: "What do you do?", "What do you do?", "You tell him you're going to run a marathon?", that adds value, attracts attention. Apparently he likes you and is well-regarded, it generates something, it seems like you're a person who takes care of yourself. And yes, I'm a runner, I didn't lie to him. But it seems like you're lying to him when you say things like this; the truth is very undervalued. Lies are easier to believe. It's like people disbelieve the truth if there's no trust. Everything is solved by presenting evidence or letting time bear witness to what you say. Do we really have to present evidence if we're telling the truth, I wonder?
When we were talking, he asked me where I was from, and I told him I was going to be close, that the marathon was near his house. I got him to trust me and told him he could come see me if he wanted, just to be cheeky. The distance was short and didn't require much physical effort. I asked him if he wanted to go somewhere nearby for breakfast afterward. Something very strange about me, given my inhibiting shyness of so many years. With each passing day, one sees that time is passing, and only one thing remains. In the sense that there is no one of the opposite sex to complete me. I have people who love me, I have family, I have friends, I have acquaintances. But I increasingly feel the absence of the complement that fills my soul with happiness. That other missing part, and I don't want to fall into the vulgarity of saying "better half," I don't know what to call it or what it's called.
And Sunday arrived, in the early morning, a strange moment. The day begins with birds singing, there is no one on the street, very few people, the city is quite quiet, compared to any other day of the week. Writing this, I realize that perhaps Sunday morning wasn't the time to make a date. I had just run a 10K in less than an hour, a goal I had been striving for for some time, I should clarify. And there she was; perhaps she was disappointed to see me. I was exhausted from the race. That's when we met physically, not virtually as it had been. I don't know how to describe that moment when the virtual becomes real. Maybe it's that virtual-to-real thing, simple.
She had those angelic green eyes. I always believe that people with light-colored eyes have the purest souls. It's probably stupid, but it gives me that feeling. She was smiling, and I was all sweaty. I didn't know whether to give her a kiss or shake her hand, like professionals or colleagues greet each other. In the end, it was a shy peck on the cheek.
We went to the nearby American coffee chain. There we talked for about an hour and a half, quite a while. Time flies by at certain moments. You get carried away by time and don't want it to end. Because you know that if it ends, the magic is broken, and returning to that moment is very difficult to achieve.
We laughed, she smiled, and we had a good time sharing that moment. We talked about family, friends, sports, career, hobbies, the pros and cons of moving out, and current affairs. We looked at each other and said goodbye, both knowing that this would be the first and last time we would see each other. Perhaps life would cross our paths elsewhere, at another time, under different circumstances. And each of us went our separate ways.
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Si sabes lo que vales, ve y consigue lo que mereces, pero tendrás que aguantar los golpes. Es tu derecho escuchar a tu destino, nadie tien...



